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Por qué hicimos AlicIA

·3 min de lectura

AlicIA empezó en una casa, cuidando a una madre que necesita ayuda todos los días.

No la ayuda de una vez: la de cada mañana y cada noche. Acordarse de las pastillas, no confundir la de la mañana con la de la noche, saber que está bien, que no pase sola las horas en que no hay nadie.

Después de meses de sostener eso, quedó clara una cosa que no se esperaba.

Lo que más pesa no es olvidarse una pastilla

Lo que pesa es la cabeza, que no descansa.

Son las tres de la mañana y alguien está despierto haciendo cuentas: ¿tomó la de las ocho? Es el mensaje «¿le diste el remedio?» y la respuesta «pensé que se lo habías dado vos». Es tener un cuaderno, un grupo de WhatsApp, tres alarmas en el teléfono y, aun así, esa duda que no se va.

Ese cansancio no se ve. No aparece en una consulta médica, no se cuenta porque suena a queja, y al día siguiente empieza de nuevo.

AlicIA existe para aliviar eso. Para que quien cuida pueda estar presente de otra manera: más tranquilo, menos pendiente del reloj.

Qué es

Una pantalla sencilla en una tablet, en la casa de la persona mayor, y un espacio para el resto de la familia.

En su pantalla no hay menús ni ajustes: la hora bien grande, las fotos de los suyos pasando despacio, qué pastilla toca ahora, un botón para pedir ayuda. Nada más. Cada toma se marca con un toque, y la familia lo ve en el momento.

Del otro lado está lo demás: qué se tomó y qué falta, dónde está, cómo estuvo el día, una videollamada a un toque. Y los avisos a la hora de cada pastilla, con un segundo recordatorio si media hora después nadie la marcó.

Lo valioso no es que la pastilla aparezca en una pantalla. Es que ya no hace falta acordarse.

Tres ideas que guiaron el diseño

Lo sencillo cuesta más que lo completo. Una pantalla llena de opciones no se usa. La que funciona es aquella donde no hay nada que decidir.

Cuidar nunca es de una sola persona. Quien cuida solo, se agota. Cuando alguien de la familia que vive lejos ve en su teléfono que el desayuno y las pastillas de la mañana ya están, eso también es cuidar.

La dignidad, antes que todo. Es fácil construir algo que vigila; cuesta más construir algo que acompaña. Del otro lado de la pantalla no hay alguien a quien controlar: hay una persona con su historia, y la pantalla tiene que tratarla así.

Qué no es

No es un dispositivo médico. No diagnostica, no decide dosis y no cambia tratamientos. Acompaña y avisa; las decisiones de salud siguen siendo del médico que atiende a cada persona.

Y no reemplaza a nadie. Ninguna pantalla sustituye una visita, una mano o una conversación.

Por qué este espacio

Cuidar se aprende cuidando, casi siempre sobre la marcha y casi siempre en soledad. Acá vamos a ir compartiendo lo que ayuda: rutinas que funcionan y por qué, cómo responder con calma a la misma pregunta por décima vez, qué hacer cuando las noches se vuelven difíciles, cómo repartir el cuidado en la familia para que no recaiga todo en una sola persona.

Nada de esto reemplaza al médico. Es compañía para quien está cuidando hoy.

Y si ese es tu caso: no estás exagerando, y no lo estás haciendo mal. Es difícil de verdad, y estás haciendo algo que importa.

Esto no es consejo médico. Es información general para acompañar a quien cuida. Cualquier decisión sobre medicación, tratamientos o síntomas corresponde al médico que atiende a tu familiar.

Un artículo por semana

Sobre cuidar a un familiar mayor. Sin vueltas y sin spam: te podés dar de baja de un clic.

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